



Las casitas, 2018
Un elemento que se reconoce repetidamente en la ciudad de Bogotá es la caseta de vigilancia, no solo en barrios residenciales, sino que también se hace presente en los industriales. Algunas habitadas, otras ya olvidadas las casetas se insertan en los paisajes de nuestros barrios. Sin embargo, con el paso del tiempo y el auge construcciones de edificios y conjuntos residenciales se ven desplazadas del panorama.
Generalmente un cubículo ubicado en puntos estratégicos de la calle, como una esquina o en un extremo de un callejón, unas altas, otras más chatas; algunas con techos de dos aguas y otras con un color característico, la caseta es el espacio de trabajo para el vigilante de un cuadrante. Pero no es solo eso, además de completar la minuta y de estar observando el lugar, las casetas se transforman en diminutas casas. En ellas, el vigilante almuerza, descansa o se cambia de ropa. El lugar se apropia del mismo modo que lo hacemos con nuestra casa.
Las casitas empiezan a desaparecer de las calles, a pesar de que algunas aun cumplan su función primaria, muchas de ellas empiezan a verse en ruinas, ahora guardan objetos olvidados y desechos del barrio. Mientras que otras ya están deshabitadas y solo queda la presencia de lo que fue. Cada vez tienden a desaparecer más para ser remplazadas por porterías.