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La impresión del tiempo, 2020

La impresión del tiempo es una serie fotográfica que surge durante la experiencia de cuarentena estricta en el año 2020. Partí de un problema: la ausencia de un paisaje con el que pudiera relacionarme físicamente. A partir de esto comencé una búsqueda del paisaje en dispositivos dentro de mi casa. Uno de ellos fue el álbum familiar. Reconocí nuevamente los viajes y exploraciones relatadas en la historia de mi familia. Sin embargo me había quedado corto, no veía allí el paisaje sino la narración de la historia familiar en distintos capítulos de la vida.

 

No obstante, hice una selección de un grupo de fotografías que tenían como objeto principal el paisaje. Empecé a notar cómo el motivo se había transformado a través de la luz y el color. Esta modificación del paisaje fue posible verlo por la documentación que se hacía de las sucesivas visitas que se hicieron al lugar. También, por la afección que tuvo la fotografía a causa del paso del tiempo. Pues en el transcurso de los años, el tiempo también afecta los objetos. El resultado terminó, no siendo la fotografía de un paisaje capturado por otro, sino la transformación de una imagen.

 

Observando estas fotografías empecé a ver que el cielo ya no era cielo, sino que, cuando empezaba a tocar a la montaña, o la llanura, se convertía en la degradación de un color a otro. También, que las flores se solapan una con la otra y al tiempo con otra y armaban un conjunto de distintos matices. Mientras tanto, yo como un niño contemplando y jugando con el mundo. Buscaba formas. Jamás las encontré. Más bien, encontré muchas, infinidades pero difícilmente coincidía con alguien más para comprobar que en efecto allí había una montaña, las flores, la casa donde dormí alguna vez o una persona que posaba para la foto.

 

Entonces, elaboré una serie de fotografías que permiten imaginar. Hago detalles de las imágenes. Me acerco hasta donde los límites de las formas se desdibujan. Me concentro en una fuerza compositiva del paisaje: el color. Desaparecen las formas y resultan unas fotografías que nos permiten volver a imaginar, a jugar y especular. Así, propongo La impresión del tiempo, como un juego, el de la contemplación, que exige mucho de nosotros mismos pues requiere de nuestra capacidad para imaginar (y también de recordar) para elaborar imágenes. Fue con esta intención que empiezo a darle soporte a los paisajes de la imaginación.

 

Luego de esto, de la experiencia de ver la imagen, sucede la narración: “Yo ví…”, “Yo creo que era…”, “Yo vi dos personas”. No se trata de una dramaturgia lineal, cronológica y ordenada;más bien se ancla al modo de narrar del álbum familiar: fragmentado y por episodios. También como el de los sueños, que termina siendo aleatorio, sin orden específico, algo elaborado por el subconsciente. 

 

La impresión del tiempo trata sobre una oportunidad para crear imágenes a través de la contemplación, un conjunto de experiencias para imaginar. Una serie fotográfica que ha guardado algo que se ha escapado de nuestra vista pero que ha dejado un vestigio para que nosotros podamos volver aquel instante desaparecido expresado a través del color. La obra es una máquina para imaginar porque ofrece el espacio para contemplar y así elaborar nuevamente un conjunto de relatos. Al igual que lo hicimos viendo las fotografías de los viajes, de las visitas, de los paisajes, vistos en el álbum.

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