



Bogotá, abril, 2016
A lo largo de mi trabajo he adoptado una actitud de alerta frente a lo que se presenta frente a mi mirada, presintiendo la aparición de un fantasma de las cosas. Parte de mi proceso es intentar que no se escape, al contrario, busco que quede prendido no solo en mi retina sino también en un soporte que me permita dar cuenta de ello; Así sucede, Bogotá. Abril. 2016., parto del encuentro con la realidad que se me presenta como un instante: breve y suspendido de la nada.
Encuentro un cuerpo masculino, inerte, acostado bocabajo, visto con distancia. Pareciera que el tiempo se va deteniendo, que los segundos tomaran más tiempo de acompañar al otro. Yo acompaño este momento con la cámara, que me permite dejar guardado aquel instante, hasta que nos vemos interrumpidos por la acción del mismo hombre que se mueve y que ha salido del mundo de los sueños.
Aquel tiempo, el del instante, no viene solo. Recuerdan las letras que alguna vez leí en una carta, reclamando la ausencia de alguien y quisiera pensar que es la de este hombre que descansa, que ha dejado el vacío de su presencia en otro lugar.